10
Ago
09

Supercherias

Ayer, modifique ese culto cuasi iniciático en el que se estaban convirtiendo mis últimas salidas para dar cabida a un amigo. De esta forma, escapaba de ese ostracismo  auto impuesto por madrugar mucho y pescar, las más de las veces, poco.  

 A las seis y media de la mañana estábamos ya blandiendo nuestras cañas sobre la marca. Señuelos grandes y libreas fluorescentes se imponían dada la hora y el estado del agua, así que salieron a jugar los dos jigs que, en estas condiciones y en esta localización, han puntuado. Durante la primera hora de batida, estos subían y bajaban sin encontrar oposición alguna, a pesar de que la sonda delataba grandes bolas de pez pasto, y la presencia de algún que otro depredador. Va a ser que este tío es  un cenizo! Dije en voz alta. Ya se sabe que, en asuntos de pesca, no hay que dejar de observar este orden de cosas. Quien no ha achacado el porqué de su desgracia al haber lavado el neopreno, o al no llevar ese gorro que siempre nos quitamos cuando toca estar guapos. En estas elucubraciones estaba yo sumido cuando Iñigo comenzó a blasfemar en arameo. Un morlaco se había visto tentado por  su señuelo, y había dado al traste con su aparejo.  A pesar de haber perdido la partida, en su gesto se adivinaba esa sonrisa derivada de haber tenido al otro lado de la línea, aunque solo fuese por unos segundos, a un animal de buen porte. 

  La picada elevo el ánimo de la tropa y, tras recomponer mi compañero su  aparejo, continuamos con lo nuestro, ahora con mayor convicción (ya sabéis, creer siempre!). A la media hora, mi caña dibujaba en el aire una catenaria, y el que pasaba a blasfemar en una legua ininteligible era yo.  Un precioso dentón tuvo a bien batirse conmigo para, a los pocos minutos, romper la superficie del agua en un último intento por zafarse del anzuelo.

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Tras esto, movidos por la nueva inyeccion de animo, seguimos intentandolo hasta que la electronica (el GPS dijo basta) y mis compromisos maritales (Nadia, te quiero!) pusieron fin a la jornada. Al final,  lo que traia Iñigo consigo era suerte, suerte y de la buena. Espero que nos veamos pronto en el agua! Saludos.

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2 Responses to “Supercherias”


  1. agosto 10, 2009 en 10:32 pm

    Enhorabuena por tan precioso dentón. Me alegro que sigas capturando piezas de esta calidad, son magníficas para sacarte toda la adrenalina del cuerpo.
    Un saludo.

  2. 2 Iñigo
    agosto 11, 2009 en 9:29 pm

    Aupa Gaspar!!!
    Menudo dentonazo, seguro que otro parecido se llevo mi jig.
    Pronto saldremos con barco nuevo.
    Un saludo.


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