25
Abr
09

Con dos palmos de narices

 Ayer por la tarde me lance al agua con el objeto de poner a prueba mi Ryobi Safari. Tenia la intención de desplazarme a una marca de esas que se pierden en la tradición oral, y que creo tener localizada. La piedra está situada al este de la provincia, y a pesar de que las predicciones eran buenas, el viento hizo su aparición, haciendo poco recomendable ir a esta zona. Asi que cambio de planes. A mitad de trayecto me di la vuelta, y puse mis pasos dirección a Cabo de Gata. Allí la sierra cortaría algo el viento , pero este soplaría de tierra teniendo que andarme con ojo. 

 Me metí en el agua con dos cañas caladas. Una para hacer algo de curri, y la otra montada con mi “juguetito”. El viento empezaba a soplar con fuerza, disipándose así cualquier posibilidad de alejarme del abrigo de los cortados que dominan la zona.  Pensé que podía dedicarme a barrer esta franja de costa, con el objeto de localizar alguna piedra. La actividad era muy baja,  casi nula, concentrándose en dos o tres puntos entorno a singularidades del fondo.  Fue aquí donde puse a prueba el carrete, pero sin éxito a nivel de capturas.

 Llevaba un rato dejando caer mis jigs en una de estas localizaciones cuando apareció en escena Jose Luis. Llevaba montado un vivo, y tras comentarle que la sonda no tenia pulso, le dije que siguiese mi trazada para poder indicarle donde había localizado “vida”. Fue precisamente en la marca donde estaba yo situado cuando lo vi aparecer a lo lejos donde tuvo la picada.  Su carrete empezó a danzar de forma descompasada mientras la vara de su caña se arqueaba. Yo ya estaba situado a la altura de proa cuando empezaba a dibujarse una gran mancha roja bajo nosotros. Jose Luis gritaba el nombre latino de la pieza, era un dentón, y de buen porte. La lucha se dilato solo unos segundos más antes de que la tensión cesara de repente. No sé a quién de los dos le dolió mas. El animal había destrozado el aparejo. Lo más curioso es que se quedo unos segundos inerte a un par de metros.  La suerte fallo a su favor cuando ya estaba casi vencido. Ambos nos quedamos estupefactos viendo lo que había hecho con el hilo.

 A todo esto, el viento comenzó a amainar y con las últimas bocanadas me llego la llamada del vapor. Le dije a mi compañero que me echase un ojo; había oleaje y el viento no había acabado de remitir. A dos kilómetros de la costa se podía poner la cosa fea. De camino a la posición del pecio pase por encima de una piedra exultante de vida. Parecía que todo el pescado de la zona  se había concentrado allí. Dado que no tenía muy claro si estaba en agua interiores, pase de largo. Ya sobre el barco, la sonda me lanzo a la cara que este no iba ser mi día.  En pantalla solo aparecían dos o tres manchas en una de las caras. A pesar de esto deje caer mis “hierros” para al final tener que darle la razón a esta. El resultado de la jornada, dos señuelos perdidos. La pesca en pecios es para especialistas. Ya le cogeré el punto. Buena pesca.

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