15
Feb
09

La costa de los piratas

A comienzos de esta semana, las predicciones apuntaban a que el tiempo nos iba a brindar una tregua hasta el sábado. Elegimos como zona de recreo la costa este de Almería, la costa de los piratas, llamada así por ser objeto de las razias de los piratas y corsarios berberiscos desde el siglo XI hasta el s. XIX.  Es precisamente por esto por lo que esta zona está salpicada de atalayas defensivas como el castillo de San Felipe, bastión situado junto a la ensenada de los Escullos, lugar de embarque.

Mi intención era cubrir la zona situada entre dicha ensenada y la punta de la Polacra. El cielo estaba despejado y no hacia viento, pero si había cierto oleaje, lo que podía dificultar la entrada y la salida. Emulando a los hermanos Barbarroja, me lance al agua, con solo una caña, sin sonda y con otro de los juguetitos que mis amigos de saltarios me han dejado probar, una mochila de cubierta.

 Esta es una bolsa estanca pensada para ser fijada a la cubierta de los kayaks cerrados, permitiéndonos así llevar todo aquello que debe permanecer seco a mano.

 

Mochila de cubierta

Mochila de cubierta

  

La primera picada se produjo justo tras cerrar el pick-up  en la primera suelta de aparejo. Como esta playa se caracteriza por su escaso fondo, pensé que había enganchado, pero en vez de esto se trataba de una doblada. Una vez a bordo, y valorando si podría valerme de cebo, me asalto la idea de practicar la captura y suelta. Me conformare con las fotos de rigor, pensé, y tras desanzuelarla la liberé. Ahora no encuentro palabras para expresar la satisfacción que experimente al verla hundirse llena de vida.  

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Doblada

 Seguí remando y a media milla de donde aconteció esto, otra picada. El tambor empezó a girar al son de la chichara, dulce melodía para todos aquellos que somos aficionados a la pesca. Cerré algo el freno y di varias vueltas de manivela. Con sus primeras embestidas mi amigo vino a retratarse. Era una pieza grande, pero no lo suficiente como para poner en jaque a mi equipo. La lucha de poderes no duro mucho, a los cinco minutos ya estaba extenuado a mi lado. Un dentón (dentex dentex) clavaba en mi su mirada. Ahora venia la prueba de fuego, ¿de verdad estaba dispuesto a hacer captura y suelta? Soltar una doblada no tiene ningún merito, no es una captura que tenga un gran valor deportivo, pero liberar un dentón es otra cosa.  Con el primer disparo de mi cámara vine a responder a la pregunta, lo soltaría. Tras varias fotos y quitarle el anzuelo, lo metí en el agua y comencé a tirar de él rítmicamente para que el agua circulase por sus agallas. Estaba algo aturdido pero al final empezó a nadar hacia el fondo. De nuevo me invadió una alegría desbocada. Entraba en sintonía con el medio.  

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Joven denton

 

Segunda suelta

Segunda suelta

 El resto de la jornada discurrió con algunas picadas falsas y con la captura con mi cámara de estampas de un belleza sin igual, las mismas que los hermanos Barbarroja contemplaron seguro hace cuatro siglos; pueblos blancos colgados sobre formaciones volcánicas, botes fondeados bajo el amparo de algún saliente, y palmeras en la soledad de una playa de lajas. Seguro que mi amigo dentón nada ahora por esta bella zona esperando el momento para volver a batirse conmigo. Espera a engordar algo, amigo mío!, que no tengo pensado cambiar de equipo.    

Barbarroja, el apodado Hızır (Jeireddin) o su hermano mayor Oruç

Barbarroja, el apodado Hızır (Jeireddín) o su hermano mayor Oruç

 

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